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martes, 13 de agosto de 2013

Una Escuelita que hizo historia

A propósito de la compra del Washington Post por parte del empresario Jeff Bezos - que ha sido la gran noticia empresarial de estos días- la editora asociada del Financial Times Lucy Kellaway ha dicho "No tengo la menor idea de por qué el Sr. Bezos ha comprado el Washington Post, o de qué piensa que se trata el periodismo"

A esta perspicaz columnista le intriga saber si el dueño de la gigante empresa Amazon, J Bezos, tiene la más remota idea de qué trata el periodismo; él es un empresario, "el más grande desestabilizador" ha dicho Forbes sobre él, ¿qué se propone al comprar el Washington Post?

En el Perú de los años 50, el empresario y político Pedro Beltrán Espantoso compró el diario La Prensa y lo puso a la altura del periodismo moderno de Estados Unidos y Europa, al menos en cuanto se refiere al tratamiento de la noticia, al uso del lenguaje  y a la rigurosa  separación entre secciones informativas y de opinión.

Cuando Pedro Beltrán, peruano, con estudios de Economía en Londres, con  muchos nexos en Europa y USA,  empresario agrario, se hizo con la propiedad del diario ubicado en la calle Baquíjano, algún columnista hubiera podido decir  "no tengo idea de si el Sr. Beltrán tiene la más remota idea de qué hacer con un periódico"

Tal vez lo dijeron; Beltrán no era un desconocido pero sus talentos demostrados estaban en la economía y la política. Fue ministro de hacienda y primer ministro con el presidente Manuel Prado; opositor tenaz a Odría, estuvo detenido en la isla penal El Frontón. Conservador ferviente en economía, el equilibrio fiscal parecía ser parte de sus obsesiones, tenía ideas desarrollistas como la "revolucion verde" que no prosperó y fue el principal impulsor de la creación de la entonces "ciudad satélite" deVentanilla.

Resulta que sobre medios informativos, Pedro Beltrán tenía más que una remota idea, porque además de sentar las bases del periodismo moderno en el Perú, que hasta ese momento todavía no trataba las noticias con técnicas modernas, introdujo un principio ético consistente en darle a los lectores la oportunidad de formar su opinión a partir de los hechos planteados en forma lo más objetiva posible. Claro que editorializaba, pero en la sección correspondiente, no permitía que entre la noticia se colara contrabando.

 Pedro Beltrán tenía fijación con el pluralismo: "Acá publicamos todo lo que tenga interés e importancia, todo, incluso las declaraciones de los que me atacan, no quiero ver que se excluya a nadie porque habla mal de mí". Lo decía y lo cumplía, mientras el gran diario decano nacional silenciaba sistemáticamente cualquier mención al partido político al que -con o sin motivo- odiaba.    

En lo personal, tuve la suerte de comenzar mi carrera periodística justo en el diario La Prensa, durante los últimos años en que don Pedro estuvo al frente, y así tuve el privilegio de asistir a la ya muy famosa Escuelita que ha ganado su lugar en la historia periodística nacional.

Con otros diez o doce colegas formo el grupo que viene a ser su última promoción, los que ingresamos pocos años antes del golpe militar del 68 . Creo que hasta el 71 estuvo don Pedro al frente de su diario.

A la Escuelita asistíamos los periodistas  novatos y también los consagrados y los jefes,-don Pedro no hacía diferencias- y escuchaba todas las opiniones. Cuando había convocatoria, don Pedro aparecía a las 9 am."ni un minuto antes ni uno después". En la sala de reuniones todos teníamos que revisar la edición del día anterior, encontrar los errores y sugerir las mejoras.

Y eso no era todo, don Pedro nos daba la tarea de proponer una redacción alternativa, mejorada, de los cables enviados por las grandes agencias internacionales (UPI, AP, AFP, ANSA, etc). ¡Como si esos cables no fuesen producto de la mejor materia gris del universo informativo!

Pedro Beltrán  ondeaba dos banderas principales que hoy se echan de menos en el periodismo: Pluralidad y objetividad.
Estas son las dos mayores ausencias  de los medios periodísticos de hoy,que  en vez de ofrecer elementos suficientes para que el público forme su opinión, entregan sucesos filtrados según el cristal del propio medio y, con honrosas excepciones, que las hay, cuando presentan hechos no ofrecen las dos versiones y casi siempre se publican sucesos sin confirmación, sin contrastar fuentes, en suma, sin valor añadido.

Lo que ha representado la esencia del periodismo está desapareciendo, por eso cualquiera que escriba un blog, un post, comente en redes lo que escuchó por allí, siente que está haciendo periodismo  porque ha observado que eso hacen muchos medios actuales.

Al  periodismo ya lo dan por muerto, al menos el que se hacía en La Prensa y se analizaba desde la Escuelita ya es parte de la historia.  .

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